
No soy lo suficientemente organizada para educar en casa: cómo superé la ansiedad y la duda
La primera vez que consideré seriamente educar en casa, me senté en el piso de la cocina y lloré. No porque pensara que era una mala idea. Sino porque estaba mirando una pila de ropa sucia, tres barras de granola a medio comer pegadas al mostrador y un niño de preescolar que acababa de vaciar una caja entera de Cheerios en el linóleo con el único propósito de verlos rebotar.








